divendres, 25 de març del 2011

Zapatos

La primera vez que las ví, me quedé cinco minutos extasiada, contemplándolas. Me alejé lentamente, pensando en ellas. Después del flechazo, empezó la historia de amor. Cambié mi medio de transporte para poder acercarme a ellas, para poder admirarlas unos minutos antes y después de ir a trabajar. Solo por unos minutos cambié mi vida. Hasta que un dia me decidí. Y entré. Y pregunté ¿cuánto cuestan? 250€, por dios, inalcanzables. Carísimas. Demasiado dinero. Aunque se lo merecen, o no. ¿Cuánto pagarías por unas botas? Ellas eran perfectas. Piel mate, una hebilla plateada y unos tacones de 14 cm de aguja, para morirte. Yo las deseaba, pero aunque parezca mentira, no a cualquier precio. Y empezó la batalla.
Regateé con el zapatero durante todo aquél invierno y no llegamos a ningún acuerdo. Llegaron las rebajas y me dijo, ¿no te parece suficiente? y yo le dije, no, demasiado fácil, my dear, sigamos. Y seguimos. Y llegó el primer verano y yo le dije, la mitad, y él me dijo, ¿quieres arruinarme? Nada más lejos de mi deseo, pero no hay más. Y nos hicimos amigos, y le compré otros zapatos, claro. Es un buen zapatero y se trae cosas guapas, y gracias a él tengo el fondo zapatero con el que siempre soñé. Abrió una tienda al lado de ropa que pronto se ha hecho famosa en Barcelona a precios carísimos. Abrió otra a precios moderados y llegó el invierno, y volvió a sacarlas, altas, hermosas y lustrosas. Y le volví a ofrecer la mitad, y él que no, hasta que un dia me invitó a tomar un café y me dijo, si no las vendo durante las rebajas, te las dejo a mitad de precio. Si esto hubiese sido un cuento, lo bonito sería que me las hubiese regalado, pero la vida es dura, todos tenemos que comer y al fin y al cabo es un comerciante catalán que no te regala ni la bolsa para transportarlos, así que se inició un etapa zozbrante y terrible para mi. Fui a verlas cada dia, rogué por ellas, nadie podría comprarlas, nadie debería enamorarse de ellas, por qué eran mías mías, solamente mías. Y el milagro ocurrió. Pasó. El primer dia de verano me presenté allí a primera hora, y le sonreí. El hizo un gesto de què hi farem, todas tuyas. Y me entregó el par de botas más guapo que he tenido en la vida hasta que me compré unas Patricia de charol marrón y granate que son la cosa más guapa del mundo mundial. Pero ellas ocupan un lugar en mi corazón ya que luche por ellas, negocié por ellas, cambié parte de mi vida por ellas. Y me las he puesto una sola vez.

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